Holocausto en el hormiguero

Amantia es una de las hormigas recolectoras que trabajan sin cesar por una buena causa: la supervivencia del hormiguero. Su inteligencia es colectiva. Emite feromonas para que sus hermanas encuentren la fuente de alimento. Este comportamiento incluye un mapa. Una ruta que es seguida por sus compañeras en el camino de regreso al hormiguero.

Nuestra hormiga es feliz y se siente valorada, ya que su responsabilidad radica en emitir señales por el bien de su colonia. Una vez que el alimento se agota, el olor se disipa de tal forma que el resto de hormigas puedan reaccionar y cambiar de tercio.

Una tarde calurosa de julio Amantia se encontró a una cigarra, pero pasó de ella porque ya se sabe la retahíla de sonidos machacones que emite. Que si es un reclamo de los machos para que pueda ser captado por las hembras. Que si utilizan este sonido para marcar el territorio ante sus competidores. Todo en las cigarras se reduce al cantar y eso no le parece justo a Amantia, acostumbrada a un trabajo de sol a sol, a pesar de las elevadas temperaturas.

El secreto que mantiene vivo al hormiguero es la distribución de tareas entre las hormigas. Mientras que unas se ocupan de abastecerlo de comida, como Amantia; otras protegen a sus congéneres.

En este sentido, se caracterizan por fuertes lazos de solidaridad. Así, cuando algunas resultan heridas por enfrentamientos con otras especies, emiten sustancias para solicitar la ayuda de sus colegas. Una vez que la hormiga herida llega al nido, la labor de las demás consiste en lamer las heridas. Amantia ha visto cómo muchas de sus compañeras se curan tras esta acción. Resulta totalmente inconsciente y solo existe porque es beneficiosa para la colonia, ya que en el mundo de las hormigas los individuos carecen de valor a expensas de la colectividad.

La guerra se desata entre las hormigas

Aquella tarde de julio no fue especialmente benévola para Amantia. Su colonia resultó víctima del ataque de otro grupo de hormigas. En concreto, por un equipo de merodeadoras que se reunieron en grupos de miles para arrasar todo lo que se encontrasen por delante.

En su camino, estas guerreras se toparon con el hormiguero donde residía Amantia, quien pudo observar cómo la formación se abalanzaba sobre ellas. Al igual que las hordas de soldados humanos, las hormigas se caracterizan por poner por delante la carne de cañón.

En este caso, el hormiguero se distribuyó para hacer frente a la batalla. En primera línea se colocaron las hormigas obreras, mientras que reservaron a las hormigas soldados, de mayor tamaño, a posiciones traseras o intermedias.

El secuestro de las hormigas

A su vez, en esta contienda las atacantes tenían un objetivo: secuestrar a sus rivales. Penetraron en las líneas enemigas y se llevaron los huevos de sus contrincantes hasta su hormiguero con el fin de convertirlas en sus esclavas.

Sin embargo, estas hormigas invasoras, de mayor tamaño y una mandíbula más poderosa, no están exentas de salir ilesas en este “cuerpo a cuerpo”. Así, para evitar ser masacradas segregan una serie de señales químicas que desconciertan a sus víctimas, lo cual les sirve para aprovecharse de esta confusión.

Aunque Amantia sobrevivió a este momento de caos, confusión y rivalidad, vio cómo su colonia quedó diezmada y muchas de sus compañeras resultaron heridas o muertas en el combate.

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